jueves, 10 de enero de 2008
Mis tres mitades y yo
Acabo de descubrir a una persona que es idéntica a otra persona. Ambas, la conocida pero distante y la desconocida pero cercana, están ya instaladas en mi memoria. Inmediatamente llamó mi atención esta nueva persona. Físicamente es muy parecida a la ya conocida, aunque su rostro es un rostro perfecto, uno clásico. Está sentado a mi lado, con expresión triste, y escribe como si algo le doliera. No puedo ver lo que hace porque su monitor está inclinado hacia el lado derecho ocultando el contenido de la pantalla. No hay problema. Me basta con mirarle el rostro, tan conocido y desconocido a la vez, y poder percibir este aire misterioso y dolorido, que me fascina. Viste una playera azul. Tiene, la playera, el dibujo de un árbol sin hojas. En el acto me traslado a las hojas, a la foto, a la otra persona. No puedo escribir sobre estás cosas, no en el momento preciso de su revelación. Lo único que quisiera ahora es poder transmitir esta extraña sensación de arrobamiento. ¿Es posible que sean la misma persona? ¿Lo conocido y lo desconocido de una en dos personas distintas; lo distante y lo cercano de una en dos personas distintas? Ellas y yo conformamos una extraña trinidad no-dialéctica, porque en medio de nosotros no hay afirmaciones ni negaciones, sólo el claro resplandor del que es tres veces uno.
miércoles, 9 de enero de 2008
El chico nuevo
Tomo una clase de inglés de lunes a viernes por la mañana. Hoy llegó a mi grupo un chico nuevo. Tiene 15 años. La clase me pareció una tortura, no puede evitar sentirme viejo y un poco anticuado y atrasado. No me refiero al nivel en la lengua, más bien a la visión del mundo y la vida. La dinámica de la clase y su metodología hacen necesario que todos los estudiantes hablen de sus vidas cotidianas. El chico nuevo (no recuerdo su nombre), muy inestable y extrovertido, se pasó toda la hora hablando, mitad en español, un cuarto en inglés y otro más en espanglish, sobre video juegos de realidad virtual, chats mundiales y esas cosas. Había pasado las vacaciones en Estados Unidos, y veo claramente, sin suponer nada, que todo en esas vacaciones fueron video juegos, las nuevas de Hollywood y parques temáticos. Yo hablé un poco de cómo ha cambiado Córdoba, en su aspecto físico, en los últimos 5 años. Me parece que lo más significativo es que ahora hay más zapaterías en el centro de la ciudad, que la catedral parece un pastel y que han abierto muchos antros y lugares de ese tipo. Los antros y sus subespecies han suplantado las tardes en el café y las idas y venidas por el parque. Al chico nuevo le pareció que todo esto "mejoraba" la ciudad, y por más que lo pienso no me parece así. Después dijo que la nueva plaza de Xalapa era algo así como el paraiso, porque él y sus amigos pasan las tardes ahí, dando vueltas y comprando cosas. Tengo amigos de mi edad, y más grandes también, a los que nos les molesta esa vida de plaza. Pero hacerlo algo tan natural, de todos los días, y divertirse con eso, me parece más bien un signo de los "nuevos tiempos". Ir a la escuela con el PSP en el bolsillo, salir corriendo a la plaza para comer, comprar y jugar ahí, ir a casa y pasar la tarde en los chats, después cenar algo rápido y ponerse a jugar video juegos hasta que el cuerpo aguante, o la mamá, o lo que pase primero..... y esas cosas.... no, no es lo mío.
domingo, 6 de enero de 2008
Derecho de soñar
La noche del 10 de noviembre de 1619, el joven Descartes, que por entonces ya andaría preguntándose qué estaba haciendo en ese lugar, tuvo un sueño que cambió su vida, y que con seguridad determinó también la nuestra, porque de él nacieron muchas ideas modernas. En esa noche “llena de entusiasmo”, que siempre recordaría como el acontecimiento clave de su vida, René creyó descubrir “los fundamentos de una ciencia admirable”.
Es difícil saber exactamente en qué consistía esa ciencia. Baillet, su primer biógrafo, dijo que Monsieur Descartes se refería a la geometría analítica, aunque sabemos que eso es algo que sólo habría de elaborar años más tarde. Otros hablaron del sueño de un álgebra universal, como esa combinatoria que imaginó Leibniz, de un descubrimiento en el campo de la óptica o de los principios de su programa epistemológico. De todos modos, a juzgar por la importancia que le dio Descartes, de lo que no puede dudarse es que ese sueño tuvo mucho que ver con la resolución de su crisis vocacional.
Pablo Capanna, El sueño de Descartes

Si los sueños de los hombres han dejado su huella en la historia, la literatura, por su parte, desborda los sueños. Desde el poema de Gilgamés hasta la Biblia, de Calderón hasta Shakespeare o hasta Kafka, el "derecho a soñar", como lo llamó Bachelard, acompaña la escritura. Y que los sueños signifiquen todo (Freud) o que no signifiquen nada (Caillois, lo que también es una interpretación), que estén hechos de una materia vivida o de una materia que pertenece a otra dimensión, es simplemente contándolos como la literatura, con toda libertad, los propuso a sus onirománticos, es decir, a todos nosotros, los lectores.
Antonio Tabucchi, De qué están hechos los sueños
Es difícil saber exactamente en qué consistía esa ciencia. Baillet, su primer biógrafo, dijo que Monsieur Descartes se refería a la geometría analítica, aunque sabemos que eso es algo que sólo habría de elaborar años más tarde. Otros hablaron del sueño de un álgebra universal, como esa combinatoria que imaginó Leibniz, de un descubrimiento en el campo de la óptica o de los principios de su programa epistemológico. De todos modos, a juzgar por la importancia que le dio Descartes, de lo que no puede dudarse es que ese sueño tuvo mucho que ver con la resolución de su crisis vocacional.
Pablo Capanna, El sueño de Descartes

Si los sueños de los hombres han dejado su huella en la historia, la literatura, por su parte, desborda los sueños. Desde el poema de Gilgamés hasta la Biblia, de Calderón hasta Shakespeare o hasta Kafka, el "derecho a soñar", como lo llamó Bachelard, acompaña la escritura. Y que los sueños signifiquen todo (Freud) o que no signifiquen nada (Caillois, lo que también es una interpretación), que estén hechos de una materia vivida o de una materia que pertenece a otra dimensión, es simplemente contándolos como la literatura, con toda libertad, los propuso a sus onirománticos, es decir, a todos nosotros, los lectores.
Antonio Tabucchi, De qué están hechos los sueños
sábado, 5 de enero de 2008
Sábado de gloria
Escribo estas líneas mientras me termino un delicioso helado de cacao y queso. Mientras escribo como, y vicerversa, y mientras hago pienso. Pienso que todas las esperas terminarán con este sábado de gloria, definitivamente. Pues no ha sido menos que eso mi día. Póngase en esto cuidadosa atención, pues con "esto" no quiero decir nada extraordinario. Fue un buen día y pretendo tener más de esos, un montón.
Me levanté temprano y comencé a releer El Laberinto de la soledad. Cada palabra era nueva para mí y mi memoria. Después comencé la labor de reconstruir mi habitación, de rehacerla por medio de una limpieza metódica y la reubicación de los escasos muebles. Baile como un desquisiado, con escoba y trapeador, la danza de la destrucción durante casi cinco horas. Después tomé un baño que me permitió salir corriendo a una feria que hay en los lagos. Jugué tiro al blanco con un rifle de postas: le atiné a diez patitos de plomo. Ahora como un helado y escribo.
No quiero escribir sobre el helado. Me parece que aquí hace falta algo más o menos normal, algo con peso y sin destinatario. Por cierto, la alusión que hace Paz al olvido del cuerpo por parte de los norteamericanos me parece reveladora. Pero tampoco quiero escribir sobre eso. ¿Qué era eso que me trajo hasta aquí, arrastrando, hasta esta pantalla brillante? Lo he olvidado ya. Siempre me pasa. La hoja en blanco, la pantalla en blanco contagian su blancura a mi cabeza. Las cosas se van, se pierden, y también las ideas. En una de esas quizá encuentren a alguien más. Espero que alguien (no, en realidad no espero, he dicho, hoy acaban las esperas) piense en mí.
Me levanté temprano y comencé a releer El Laberinto de la soledad. Cada palabra era nueva para mí y mi memoria. Después comencé la labor de reconstruir mi habitación, de rehacerla por medio de una limpieza metódica y la reubicación de los escasos muebles. Baile como un desquisiado, con escoba y trapeador, la danza de la destrucción durante casi cinco horas. Después tomé un baño que me permitió salir corriendo a una feria que hay en los lagos. Jugué tiro al blanco con un rifle de postas: le atiné a diez patitos de plomo. Ahora como un helado y escribo.
No quiero escribir sobre el helado. Me parece que aquí hace falta algo más o menos normal, algo con peso y sin destinatario. Por cierto, la alusión que hace Paz al olvido del cuerpo por parte de los norteamericanos me parece reveladora. Pero tampoco quiero escribir sobre eso. ¿Qué era eso que me trajo hasta aquí, arrastrando, hasta esta pantalla brillante? Lo he olvidado ya. Siempre me pasa. La hoja en blanco, la pantalla en blanco contagian su blancura a mi cabeza. Las cosas se van, se pierden, y también las ideas. En una de esas quizá encuentren a alguien más. Espero que alguien (no, en realidad no espero, he dicho, hoy acaban las esperas) piense en mí.
viernes, 4 de enero de 2008
Divertimento
Puedo leer los versos más tristes esta noche.
Leer, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."
Leer, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."
El laberinto de la soledad
Otra vez la imposibilidad, el cuerpo que siente frío cuando no hace frío, El libro vacío, la ausencia silente, la presente, la que nos dejan. Somos átomos, seres cerrados, encerrados, asegurados con 100 candados interiores y un par de llaves arrojado fuera de nosotros, entre nosotros pero afuera, sobre la acera. Soy una parte del todo, de la soledad absoluta que se abandona siempre a sí misma. Todos, en todas partes, estamos solos. No nos hacemos compañía, estamos solos. Chocamos, unos con otros, como átomos que no consiguen nunca, de tan diversos, formar una triste molécula cualquiera. Tu soledad es la mía, pero la mía es sólo mía. Estoy solo en la soledad, un lugar solitario donde no hay ni un triste solitario más. La soledad es una distancia: la que separa lo uno de lo otro. Considerar seriamente mi soledad, sucesión infinita de puntos, como un segmento de una línea finita pero infinitamente más grande que yo. Mi soledad es grande, como para dos, pero estoy solo. Me analizo, me desato, cada adjetivo, cada palabra que se pierde en el predicamento de ser predicado de un sujeto desconocido, cada morfema que se me adhiere es un escalón que desciendo hacia la soledad profunda, es otro círculo que se cierra en mi ambiente cerrado por círculos concéntricos, la soledad absoluta en la que permanezco solo. Soy (primera soledad), mexicano (segunda soledad), 22 años (tercera soledad). Mi soledad está viva, respira, tiene ojos. Considerar seriamente mis soledades. Somos regalos que no consiguen nunca darse.
miércoles, 2 de enero de 2008
Una duda
Acabo de saber que la Universidad Veracruzana reabrirá este año la maestría en filosofía. Vengo pensando hace dos años entrar a la maestría en Literatura mexicana, pero ahora estoy un poco indeciso. Familiares y amigos me sugieren seguir en filosofía. En realidad es la misma vaina: la filosofía es el pensamiento tal cual, desnudo, y la literatura, al menos una parte importante de ella, es esencialmente el mismo pensamiento pero ataviado elegantemente, por decirlo de algún modo. Creo que la balanza se inclinará según la distribución de las becas. Me parece que Conacyt le había retirado la beca a filosofía en generaciones pasadas, aunque bien puede ser que se cuente con ella en este periodo. No lo sé aún, tendré que informarme bien. De cualquier forma, aún hay tiempo suficiente para darle seguimiento a lo de estudiar un posgrado. Debo retomar los textos de filosofía y, especialmente, lo que trabajé en mi tesis de licenciatura. Leyendo a Carmen Boullosa reconocí en algunos de sus textos y en varias de sus expresiones, resonancias y ecos de Spinoza. Debo repensar y releer en ese sentido. Nunca se sabe.
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