Pues sí, la novela es imposible. O mejor dicho las novelas. Hay novelas históricas bien logradas. Pero LLanto es algo distinto: pretende abarcar en la mirada particular algo que no es (porque nunca fue o porque simplemente ya no es... por olvidado), o que ignoramos, y contar su historia. Toda lectura es posible -dice Reina luna con sabiduría. Pero toda lectura es una lectura. Lo que aquí está en juego es el movimiento interno de la novela. La imposibilidad de hacer(nos) parte de algo que o no está o ignoramos. Aquí hay una visión del mundo casi olvidada, una concepción acerca de la novela, de la escritura, de la escritura de novelas, de la lectura y de la lectura de novelas. De la Historia y las historia. Además, hay una crítica a los temas tradicionales, al modo y la forma de contar o narrar una historia, a su tratamiento. Una novela que supone su centro (un personaje, quizá) es una novela imposible. La lectura es ambivalente, cito:
Al lector le ocurre, en relación al lenguaje, un fenómeno en sentido inverso: por las palabras del escritor se ve forzado a dejarlo todo, a irse donde la novela es posible. Si consigue hacer vibrar su corazón en la misma nota que vibra el del personaje (o sus hígados, o sus lo que ustedes escojan para nombrar lo que ustedes ya saben que quiero nombrar), entonces el lector cae al territorio en donde la novela es imposible -no está sólo-, sin dejar la conciencia del otro lugar, el que sí tiene que ver con la novela. El helado sitio donde siempre se está sólo, sin sentido, enclavado en la punta de su estúpida aislada existencia.
La lectura de novelas es el único argumento posible en favor de la subjetividad. Quien lee novelas es alguien que se hace acompañar de alguien que "no es aunque sea", y sólo es -lector- cuando consigue irse: "se va como quien se va".
viernes, 30 de noviembre de 2007
jueves, 29 de noviembre de 2007
Marguerite Duras
"Quería decirle lo que creo, que había que conservar siempre antes uno -he aquí la palabra, me acuerdo- un lugar, una especie de lugar personal, eso es, para estar solo y para amar. Para amar no se sabe qué, ni a quién, ni cómo, ni cuánto tiempo. Para amar -he aquí que de pronto me acuerdo de todas las palabras...-, para conservar en sí el lugar de una espera, nunca se sabe, de la espera de un amor, de un amor quizá sin destinatario todavía, pero de esto y sólo de esto, del amor. Quiero decirle que usted era esta espera."
Belem, ¿ya leiste El Square?
Belem, ¿ya leiste El Square?
¿Lectura imposible?
Efectivamente, la novela es imposible. Entiendo lo que hay que entender. Puedo seguir, guiado por algunas notas, las incontables referencias a la historia oficial. Avanzo, pero no me atrapa. Leo por encima, nado por la superficie. Me detengo, doy la vuelta a la derecha, continuo. El problema no es la fragmentación en la estructura, ni el lenguaje. No me atarpa, repito. Hay algo en la lectura o en la forma de leer. Leer una novela imposible es posible a condición de captar su movimiento. Desde luego que puede leerse, pero me refiero sobre todo a otra cosa. Y por si fuera poco, a mi ejemplar le hacen faltan dos páginas.
Conseguí también El libro vacío. Y la tentación es demasiada.
Conseguí también El libro vacío. Y la tentación es demasiada.
miércoles, 28 de noviembre de 2007
domingo, 25 de noviembre de 2007
Reina luna
Vivo en medio de dos ríos que a corta distancia se multiplican y dividen hasta el infinito. Lo único que conservo es una vieja maleta en cuyo fondo guardo algunas cartas, libros y fotografias. Ignoro el nombre y el número de mis días. El tiempo, eso dejó de importar aún antes de saberme aquí. Tallo pacientemente la valsa que ha de llevarme a donde las aguas confluyen. La decisión ya está tomada.
Anoche, bajo la luz de la reina luna que perlaba las aguas, vi caer el paisaje en el mar. De tanto mirar, la mirada se afila. Y todo pende como de un hilo.
La reina luna habla con sabiduría. Ella sabe lo que el hombre guarda, a veces sin saberlo. Sé que debo ir a donde el agua. Pero a penas pongo un pie en el río la corriente se detiene, las aguas se inmovilizan. Los ríos son caminos que andan solos.
Anoche, bajo la luz de la reina luna que perlaba las aguas, vi caer el paisaje en el mar. De tanto mirar, la mirada se afila. Y todo pende como de un hilo.
La reina luna habla con sabiduría. Ella sabe lo que el hombre guarda, a veces sin saberlo. Sé que debo ir a donde el agua. Pero a penas pongo un pie en el río la corriente se detiene, las aguas se inmovilizan. Los ríos son caminos que andan solos.
sábado, 24 de noviembre de 2007
Xico Vol. II
Lo de Xico fue un recuerdo del porvenir. Uno ignora, en esos casos, muchas cosas. De cualquier manera, eso era lo que me hacia falta: a mi vida, como a los habitantes de Ixtepec, le es necesaria la ilusión. Y qué decir de los tamales, el licor de mandarina y el café.
Había fiesta en el pueblo. Cerca del santuario de Cristo Rey, en las calles, vendían comida y bebidas. Fuera de las casas la gente se juntaba para jugar loteria, con granos de maíz, y uno podía ganar una pelota jugando con un peso. En el atrio del santuario, un grupo de rock tocaba música de Nirvana. Una camioneta, como esas que usaba mi nonno para trasladar varias toneladas de café, recorría el centro del pueblo llevándo a un grupo de luchadores, 10 o poco más, que gritaban a los paseantes: "indios morenos, vayan a las luchas". Y buscando el lugar de las luchas encontré una cantina muy pintoresca. Pedí un vasito de licor verde (no, no es el de los poetas) y salí a la noche. La plaza principal estaba llena de gente. En las bancas se podía ver a jóvenes parejas en sendos devaneos. Más allá, despúes de la zona de juegos, los hombres. Jóvenes, muchachos, no tan jóvenes, todos bebiendo y riendo a carcajadas. Grupos de señoras mayores, enlazadas por los brazos, cruzaban el parque en busca de sus "sobrinas". Las sobrinas, quizá fuereñas, llevaban sombreritos con listones y zapatillas de tacón elevado. Me senté en una banca un poco alejada para no interrumpir a las comparsas. Y ahí se me fue la noche. Tomé un camión que por doce pesos y una hora de mi tiempo me llevó casi hasta la puerta de mi casa. Después dormí, 10 horas.
Había fiesta en el pueblo. Cerca del santuario de Cristo Rey, en las calles, vendían comida y bebidas. Fuera de las casas la gente se juntaba para jugar loteria, con granos de maíz, y uno podía ganar una pelota jugando con un peso. En el atrio del santuario, un grupo de rock tocaba música de Nirvana. Una camioneta, como esas que usaba mi nonno para trasladar varias toneladas de café, recorría el centro del pueblo llevándo a un grupo de luchadores, 10 o poco más, que gritaban a los paseantes: "indios morenos, vayan a las luchas". Y buscando el lugar de las luchas encontré una cantina muy pintoresca. Pedí un vasito de licor verde (no, no es el de los poetas) y salí a la noche. La plaza principal estaba llena de gente. En las bancas se podía ver a jóvenes parejas en sendos devaneos. Más allá, despúes de la zona de juegos, los hombres. Jóvenes, muchachos, no tan jóvenes, todos bebiendo y riendo a carcajadas. Grupos de señoras mayores, enlazadas por los brazos, cruzaban el parque en busca de sus "sobrinas". Las sobrinas, quizá fuereñas, llevaban sombreritos con listones y zapatillas de tacón elevado. Me senté en una banca un poco alejada para no interrumpir a las comparsas. Y ahí se me fue la noche. Tomé un camión que por doce pesos y una hora de mi tiempo me llevó casi hasta la puerta de mi casa. Después dormí, 10 horas.
Sortes
Ayer fue un día muy largo. Después del trabajo, al rededor de las 7 pm, salí a una fiesta con fedex y con fano y algunos amigos de él. Regresé a casa a las 5 de la mañana. Me levanté a las 8 para llegar a mis clases... Ahora estoy en Xico calléndome de sueño. Suenan las campanas que anuncian la entrada a la última misa del día. Quiero quedarme a dormir aquí, pero al parecer todo lugar para hospedaje es caro. Sebastián llegará en una hora y espero me rescate. De cualquier modo daré una vuelta por el centro y cenaré. El ambiente es fresco, aunque no demasiado. Se está bien con un sueter ligero. No hay neblina. La única neblina es la de la mente. Después de la batalla de los sortes uno queda agotado y herido.
Me tocó dirigir una actividad sobre lectura en la USBI. Después de hacer un breve recorrido por las diferentes salas y colecciones de la biblioteca nos sentamos un momento en el fondo de la sala de literatura. Había pensado realizar varias actividades pero por cuestión de tiempo sólo se pudo hacer una. Sortes. Cada quién formuló una pregunta, concreta y clara, y pasamos con los ojos vendados a través de algúnos pasillo de la sala. Libros, libros y libros; a ambos lados, arriba y abajo. Nos detuvimos en algún lugar del pasillo, movidos quizá por alguna sensación extraña, y buscamos a tientas algún libro que abrimos al azar en alguna página y buscamos en ella la respuesta a nuestra pregunta. En verdad fue algo increible lo que nos encontramos en cada libro. No creo que sea algo que se deba hacer muy seguido, sobre todo hay que tener cuidado con la pregunta que se formula. Transcribo a continuación mi pregunta y la respuesta que me fue dada:
¿Debo seguir esperándote?
-Ya lo sé.
-Si no tienes nada mejor que hacer en este momento, vente conmigo y le verás.
Diez minutos más tarde atravesaban juntos el parque.
Margaret Kennedy. Una noche en Cold Harboror.
Me tocó dirigir una actividad sobre lectura en la USBI. Después de hacer un breve recorrido por las diferentes salas y colecciones de la biblioteca nos sentamos un momento en el fondo de la sala de literatura. Había pensado realizar varias actividades pero por cuestión de tiempo sólo se pudo hacer una. Sortes. Cada quién formuló una pregunta, concreta y clara, y pasamos con los ojos vendados a través de algúnos pasillo de la sala. Libros, libros y libros; a ambos lados, arriba y abajo. Nos detuvimos en algún lugar del pasillo, movidos quizá por alguna sensación extraña, y buscamos a tientas algún libro que abrimos al azar en alguna página y buscamos en ella la respuesta a nuestra pregunta. En verdad fue algo increible lo que nos encontramos en cada libro. No creo que sea algo que se deba hacer muy seguido, sobre todo hay que tener cuidado con la pregunta que se formula. Transcribo a continuación mi pregunta y la respuesta que me fue dada:
¿Debo seguir esperándote?
-Ya lo sé.
-Si no tienes nada mejor que hacer en este momento, vente conmigo y le verás.
Diez minutos más tarde atravesaban juntos el parque.
Margaret Kennedy. Una noche en Cold Harboror.
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